Encontrar fuentes alternativas de agua dulce es una de las grandes preocupaciones del mundo. No podemos impedir que se agoten los recursos de agua dulce, pero sí encontrar alternativas, y la desalación del agua de mar es una de las más prometedoras. Hoy, la industria puede recurrir a la desalación en lugar de consumir agua dulce, y el agua desalada sirve para la agricultura, el consumo humano y los usos industriales.
Antes de poner en marcha un proyecto de desalación, sin embargo, la industria debe analizar bien su situación y prepararse para los posibles problemas, si es necesario con el apoyo de especialistas.
Qué es la desalación del agua de mar
La desalación elimina las sales y los minerales del agua de mar para convertirla en agua dulce. La ósmosis inversa y la nanofiltración son hoy las principales tecnologías. Muchas industrias se abastecen directamente de plantas desaladoras, y tanto entidades privadas como administraciones públicas apuestan por ella.
Su principal inconveniente es la salmuera que se genera en el proceso, que puede dañar el medio ambiente si no se gestiona bien. Por eso se han desarrollado técnicas para desalar de forma eficiente sin afectar al entorno.
Cuáles son los riesgos y cómo gestionarlos
La desalación es un proceso complejo. Estos son algunos de sus riesgos y cómo afrontarlos.
1. Vertido de la salmuera
Al instalar una planta desaladora, la principal preocupación es el vertido de la salmuera. Por su alto contenido en sal, y por los productos químicos utilizados en el tratamiento, puede afectar a la flora y la fauna acuáticas. En el suelo, el exceso de sales solubles dificulta que las plantas absorban agua y nutrientes.
Hay formas de verter la salmuera sin degradar el medio ambiente; por ejemplo, diluirla antes del vertido o utilizar difusores que favorezcan su dispersión. Un especialista puede ayudarle a definir la solución de vertido adecuada para su planta.
2. Un contrato claro
Si la planta va a abastecer a entidades privadas o públicas, ambas partes deben acordar ciertas reglas, como la forma de entregar el agua desalada a la red del cliente.
También hay que definir quién construirá, operará y mantendrá las conducciones e instalaciones asociadas, y quién será responsable si se retrasa la puesta en marcha de la planta.
El contrato debe establecer además si el precio podrá revisarse en el futuro. Un asesor especializado puede ayudarle a definir estos aspectos.
3. Suministro eléctrico garantizado
La energía es una de las principales partidas del coste de operación de una planta desaladora, y su suministro es crítico: cuanto mayor es la planta, más electricidad necesita.
En una zona urbana, la energía procederá normalmente de la red; en una zona rural también pueden aprovecharse fuentes como la solar, la eólica o la undimotriz.
Sin un suministro eléctrico regular, la planta no puede funcionar y el proyecto sufrirá pérdidas. Por eso, antes de empezar, hay que asegurarse de disponer de un suministro adecuado y de operadores con la experiencia necesaria.
4. Elegir la tecnología adecuada
Hay dos grandes familias de tecnologías de desalación: la ósmosis inversa, la más extendida en la mayor parte del mundo, y los procesos térmicos, todavía habituales en Oriente Medio.
En la ósmosis inversa, si las membranas no se sustituyen a tiempo, aumenta el consumo energético y disminuye la eficiencia de la planta.
Por eso conviene contar con asesoramiento profesional para la sustitución de las membranas y decidir si contratarla directamente con el proveedor de membranas o encargarla al operador de la planta.
Conclusión
Los retos de una planta desaladora pueden afrontarse con el asesoramiento adecuado. Con esta fuente alternativa de agua dulce, la industria deja de agotar los recursos de agua dulce, que quedan disponibles para el consumo doméstico.
Cada cliente tiene necesidades distintas, y por eso KEIKEN ofrece soluciones a medida, tanto en plantas desaladoras compactas como en instalaciones de mayor tamaño. Llámenos al +34 910 577 254 o contacte con nosotros.


