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Desaladoras de reserva: producir solo cuando hace falta

Una planta construida como garantía frente a la sequía pasa años parada. Qué cuesta mantenerla disponible y qué exige técnicamente una parada larga.
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Desaladoras de reserva: producir solo cuando hace falta

Hay un tipo de planta desaladora que se construye sabiendo que no va a funcionar todo el tiempo: la que se dimensiona como garantía frente a la sequía. Produce cuando los recursos convencionales fallan y permanece parada, o a carga muy reducida, en los años húmedos.

Es un planteamiento razonable —es exactamente el valor que aporta una fuente independiente de la lluvia— pero tiene implicaciones que conviene tener claras antes, porque una planta parada no es una planta sin coste.

El coste de estar disponible

Aunque no produzca, la instalación mantiene partidas fijas:

  • Amortización de la inversión, que no depende de los metros cúbicos producidos.
  • Mantenimiento preventivo de equipos rotativos, instrumentación y sistemas de control.
  • Personal, al menos el necesario para conservación y para poder arrancar cuando se requiera.
  • Conservación de membranas, que tiene coste de reactivos y de horas.
  • Suministros mínimos: electricidad de servicios auxiliares, seguros, tasas.

Todo eso se reparte entre los metros cúbicos que se produzcan. Si la planta produce pocos años de cada diez, el coste real por metro cúbico es bastante superior al coste de explotación cuando está en marcha, y esa es la cifra con la que hay que hacer el análisis.

Lo que exige técnicamente una parada larga

Aquí está el problema práctico, y es donde una planta de reserva mal conservada da sorpresas al arrancar.

Membranas

Una membrana parada y húmeda desarrolla crecimiento biológico. Para paradas de más de unos días hay que aplicar solución conservante, y renovarla periódicamente durante toda la parada.

Es una operación sencilla y de las que más se olvidan. Su omisión se descubre en el arranque, cuando la planta no alcanza las prestaciones de diseño y hay que empezar por una limpieza química.

Equipos rotativos

Bombas y motores parados durante meses sufren corrosión en las superficies internas y deformación en los rodamientos por carga estática. La práctica habitual es girarlos periódicamente y mantener los circuitos en las condiciones que indique el fabricante.

Instrumentación

Las sondas de conductividad, pH y cloro se degradan o se descalibran sin uso. Su verificación forma parte del protocolo de arranque, porque poner en marcha una planta con instrumentación no fiable equivale a operar a ciegas.

Reactivos

Los productos químicos almacenados tienen fecha de caducidad. El antiincrustante y los reactivos de limpieza pierden eficacia, y las soluciones de polielectrolito o de hipoclorito se degradan con el tiempo.

El arranque

Es la operación crítica de una planta de reserva, y conviene tenerla protocolizada.

Comprende el enjuague del conservante, la verificación y calibración de la instrumentación, la comprobación de los equipos rotativos, la reposición de reactivos y consumibles, y una puesta en marcha progresiva con rampa de presión para no someter las membranas a un esfuerzo brusco.

El tiempo necesario para todo eso es un dato que debe conocerse de antemano, porque determina con cuánta antelación hay que dar la orden de arranque. Descubrirlo en plena sequía es tarde.

La alternativa: funcionamiento a carga parcial

Muchas instalaciones de este tipo optan por no parar del todo, sino por mantener una producción reducida de forma continua.

Tiene ventajas claras: las membranas se conservan solas al estar en servicio, los equipos no sufren los problemas de la parada larga, la instrumentación se mantiene calibrada y el personal conserva la práctica de operación. Y el arranque a plena carga deja de ser un salto para convertirse en un aumento de caudal.

Aquí es donde la modularidad resulta especialmente útil: con varias líneas independientes, se mantiene una en servicio y el resto conservadas, rotando cuál trabaja. El formato compacto en contenedor encaja de forma natural en ese planteamiento.

Qué mirar al plantear una instalación así

El régimen de funcionamiento previsto —cuántos años de cada diez se espera producir—, el coste de mantenerla disponible, el tiempo de arranque y el protocolo de conservación.

Con esos cuatro datos, el coste real por metro cúbico deja de ser el de la planta en marcha y pasa a ser el que corresponde a su uso real. Que es la cifra con la que hay que decidir.

Puede consultar nuestras soluciones de desalación o escribirnos.

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