«¿Cuál es el método de desalación más eficiente?» es una pregunta que no tiene respuesta única, y no por falta de datos: porque la eficiencia depende del agua que se va a tratar y de la energía disponible.
Lo que sí se puede establecer es cómo hacer la comparación para que sirva de algo.
El indicador: consumo específico
Es el dato de referencia, y se expresa en kilovatios hora por metro cúbico de agua producida (kWh/m³).
Pero un valor de consumo específico sin sus condiciones no dice nada. Para que dos cifras sean comparables tienen que corresponder a:
- La misma salinidad de alimentación. Un consumo medido sobre agua salobre no se puede comparar con uno sobre agua de mar: la presión osmótica a vencer es completamente distinta.
- La misma temperatura de agua. A menor temperatura, mayor presión necesaria para el mismo caudal.
- La misma tasa de conversión. Producir más agua por metro cúbico captado exige concentrar más la salmuera, y eso sube el consumo.
- La misma calidad de agua producida. Alcanzar una conductividad muy baja puede requerir una segunda etapa que no está en el otro dato.
- El mismo alcance. ¿Incluye la cifra el bombeo de captación? ¿El pretratamiento? ¿El bombeo de la salmuera hasta el punto de vertido? Es la fuente de confusión más habitual.
El problema de comparar energía térmica con eléctrica
Aquí está el error de fondo de la mayoría de comparaciones publicadas.
La ósmosis inversa consume energía eléctrica. La destilación térmica consume calor, y además algo de electricidad para bombeos. Sumar kWh térmicos y kWh eléctricos como si fueran lo mismo no tiene sentido: un kWh de calor a 70 °C y un kWh eléctrico no valen igual ni cuestan igual.
Por eso una planta térmica puede parecer muy ineficiente sobre el papel y ser perfectamente competitiva cuando el calor procede de un proceso que de otro modo lo disiparía. Y al revés: la misma planta sin esa fuente de calor sale cara.
La comparación honesta se hace en coste por metro cúbico, valorando cada tipo de energía a su precio real en ese emplazamiento.
Lo que no aparece en el consumo específico
Hay costes que no se ven en el kWh/m³ y que pesan en la explotación:
- Consumibles. Membranas, cartuchos y reactivos tienen un coste recurrente que depende de la calidad del pretratamiento.
- Limpiezas químicas. Cada ciclo es parada de producción, consumo de reactivo y desgaste de la membrana.
- Gestión del rechazo. El volumen de salmuera y su bombeo hasta el punto de vertido dependen de la tasa de conversión.
- Vida útil de los equipos y frecuencia de reposición.
- Necesidad de personal en explotación.
Qué encaja en cada caso
Con esos criterios sobre la mesa, la elección se ordena:
- Agua de mar, energía eléctrica disponible: ósmosis inversa con recuperación de energía. Es el punto de referencia frente al que se compara todo lo demás.
- Agua salobre de baja salinidad: ósmosis inversa a menor presión, o electrodiálisis reversible si la composición del agua lo aconseja. El consumo cae de forma sustancial respecto al agua de mar.
- Calor residual disponible y estable: merece evaluarse una configuración térmica o híbrida, o alguna de las tecnologías de baja temperatura.
- Salinidad muy alta, por encima del rango de la ósmosis inversa: procesos térmicos o de membrana con tolerancia a alta concentración.
Cómo pedir una comparación útil
Al solicitar ofertas, conviene fijar las condiciones de partida para todos por igual: análisis del agua de captación con su variación estacional, caudal y calidad de agua producida requerida, y alcance exacto de la cifra de consumo que se pide.
Con esas tres cosas definidas, las ofertas se pueden comparar. Sin ellas, cada una responde a una pregunta distinta.
Puede consultar nuestras soluciones de desalación o escribirnos con los datos de su proyecto.


