El consumo energético es la principal partida de coste de una planta desaladora. Además de reducirlo dentro de la propia instalación —recuperación de energía, membranas de menor presión, ajuste del punto de trabajo— existe otra vía: aprovechar la relación entre el agua y la energía integrando la planta con otra instalación.
Hay tres configuraciones que responden a esa idea.
Cogeneración
Consiste en producir electricidad y agua en la misma instalación, aprovechando el calor residual del proceso de generación.
Es la configuración clásica de las grandes plantas térmicas de desalación: el vapor que ha pasado por la turbina, todavía con energía útil pero insuficiente para generar más electricidad, se emplea como fuente de calor para un proceso de destilación multiefecto o de evaporación súbita.
La energía térmica deja así de ser un coste y pasa a ser un aprovechamiento de algo que de otro modo se disiparía. Es lo que mantiene competitivas a las plantas térmicas allí donde existen, pese a que su consumo específico sea superior al de la ósmosis inversa.
Dónde encaja: junto a centrales de generación eléctrica o a procesos industriales con excedente de calor a temperatura útil.
Colocalización
Consiste en situar la desaladora junto a otra instalación que ya mueve grandes caudales de agua de mar, típicamente el circuito de refrigeración de una central.
Las ventajas son de dos tipos. Se comparte infraestructura —la obra de toma y el emisario de vertido, que son partidas importantes de la inversión— y se aprovecha que el agua de refrigeración sale a mayor temperatura que la del mar: en ósmosis inversa, una temperatura de alimentación algo más alta reduce la presión necesaria para producir el mismo caudal.
Además, la salmuera puede mezclarse con el caudal de refrigeración antes del vertido, lo que facilita su dilución.
Dónde encaja: emplazamientos costeros donde ya existe una instalación con toma y vertido de agua de mar en funcionamiento.
La contrapartida: la desaladora queda ligada al régimen de funcionamiento de la otra instalación. Si esta para, cambian las condiciones de operación.
Plantas híbridas
Combinan dos tecnologías de desalación en la misma instalación, habitualmente una térmica y una de ósmosis inversa, y mezclan sus productos.
Tiene sentido porque cada tecnología tiene un punto fuerte distinto: la térmica produce agua de muy baja salinidad y aprovecha calor residual; la ósmosis inversa tiene menor consumo eléctrico y mejor respuesta a variaciones de demanda.
Mezclando ambos productos se obtiene la calidad de agua objetivo sin sobredimensionar ninguna de las dos líneas, y se gana flexibilidad para modular la producción según la disponibilidad de calor y el precio de la electricidad en cada momento.
Dónde encaja: instalaciones de gran capacidad con disponibilidad de calor residual variable.
Qué determina cuál conviene
Estas configuraciones no son alternativas entre las que elegir libremente: dependen de lo que haya en el emplazamiento.
Los factores que lo deciden son la disponibilidad y la temperatura del calor residual, la existencia de infraestructura de toma y vertido aprovechable, la capacidad de la planta, el perfil de demanda de agua y las condiciones del agua de captación —salinidad, temperatura y su variación a lo largo del año.
En instalaciones de capacidad media y pequeña, donde estas integraciones no son viables, el margen está en el propio diseño: recuperación de energía, pretratamiento adecuado al agua real e integración con generación fotovoltaica cuando el perfil de consumo lo permita.
Puede consultar nuestras soluciones de desalación o escribirnos con los datos de su emplazamiento.


