Es frecuente leer que el agua desalada es «más pura» que el agua de un recurso convencional, y de ahí se salta a que es mejor. La primera parte es cierta en términos de contenido en sales; la segunda no se deduce de la primera.
Un agua con muy baja mineralización tiene problemas propios, y el postratamiento existe precisamente para corregirlos.
Qué retira la ósmosis inversa
La membrana retiene la mayor parte de las sales disueltas, junto con metales, microorganismos y partículas. El rechazo de sales de una membrana de agua de mar es muy elevado, aunque nunca del 100%: depende del ion concreto, de la presión de trabajo, de la temperatura y del estado de la membrana.
Ese dato lo proporciona el fabricante para cada modelo y en condiciones normalizadas. El valor real en explotación se sigue midiendo la conductividad del permeado.
Los parámetros que hay que vigilar
Boro
Es el parámetro específico de la desalación de agua de mar y el que más se subestima. El boro atraviesa las membranas con más facilidad que otros elementos, sobre todo a pH neutro, donde se encuentra en forma no ionizada.
Alcanzar concentraciones bajas exige una segunda etapa de ósmosis trabajando a pH elevado —donde el boro se ioniza y la membrana lo rechaza mejor— o resinas selectivas. Es una etapa adicional que hay que prever en el diseño.
Tiene importancia doble: hay un límite aplicable en agua de consumo humano, y varios cultivos son sensibles a concentraciones que para una persona serían irrelevantes.
Agresividad
El permeado sale con muy baja mineralización y ligeramente ácido. Un agua así tiende a disolver el material con el que entra en contacto: ataca conducciones metálicas, disuelve recubrimientos de mortero y arrastra productos de corrosión a la red.
Se corrige remineralizando con calcio y ajustando el pH, hasta situar el agua en equilibrio calcocarbónico. El índice de Langelier, o un indicador equivalente, es la referencia para verificarlo.
Ausencia de minerales
El agua desalada no aporta calcio, magnesio ni sulfatos. En abastecimiento urbano eso se corrige en el postratamiento; en riego agrícola tiene consecuencias adicionales, porque la proporción relativa de sodio queda alta y eso degrada la estructura del suelo.
Cloruros y conductividad
Son los parámetros de control habituales en explotación, y los que determinan si el agua cumple la especificación del uso previsto. En agua de proceso industrial, el requisito lo marca el proceso y puede ser bastante más exigente que el de agua de consumo.
Sobre la carga microbiológica
La membrana retiene los microorganismos por tamaño, de modo que el permeado sale con una carga microbiológica muy baja. Pero eso no elimina la necesidad de desinfección.
La razón es que el agua tiene que llegar en condiciones al punto de consumo, y la red puede aportar contaminación posterior. Por eso se dosifica un desinfectante que deje residual y proteja el agua durante todo su recorrido.
Una integridad de membrana comprometida —una junta mal asentada, un elemento dañado— también deja pasar. La conductividad del permeado es el indicador que lo detecta.
Cómo se controla
Los parámetros de seguimiento en continuo a la salida de la planta son conductividad, pH, alcalinidad, dureza y cloro residual. A eso se añaden los controles analíticos que exija la normativa aplicable al uso previsto.
Un agua desalada bien acondicionada cumple los requisitos de agua de consumo humano con holgura. Pero es el postratamiento lo que la deja así, no la membrana.
Puede consultar nuestras soluciones de desalación o escribirnos con los requisitos de calidad de su instalación.


