Un polielectrolito mal preparado rinde por debajo de sus posibilidades por mucho que se aumente la dosis. Es el problema más frecuente en las instalaciones donde la preparación se hace de forma manual, y la razón por la que existen los equipos automáticos.
Por qué la preparación importa tanto
El polielectrolito es un polímero de cadena muy larga. Para que actúe como puente entre las partículas neutralizadas —que es su función— la cadena tiene que estar completamente desplegada e hidratada.
Ese despliegue no es inmediato ni automático. Si el producto se dispersa mal, se forman grumos: aglomerados con la superficie hidratada y el interior seco, que consumen reactivo sin aportar nada y que además atascan las conducciones. Si la agitación es excesiva, ocurre lo contrario: la cizalla rompe la cadena del polímero y reduce de forma irreversible su eficacia.
Entre esos dos extremos hay una ventana estrecha, y acertar en ella de forma repetible, turno tras turno, es lo que hace un equipo automático.
Los elementos del equipo
Almacenamiento y dosificación en seco
Una tolva contiene el producto en polvo y un dosificador volumétrico —habitualmente de tornillo sinfín— lo aporta a caudal regulado.
La tolva debe mantener el producto seco: el polielectrolito en polvo es higroscópico, y la humedad ambiente apelmaza el producto y bloquea la salida.
En equipos para producto en emulsión, el dosificador en seco se sustituye por una bomba dosificadora que aporta el producto líquido.
Cámara de humectación
Es el elemento crítico. Aquí el polvo entra en contacto con el agua por primera vez, y es donde se decide si habrá grumos o no.
El diseño busca que cada partícula de producto se moje individualmente antes de encontrarse con las demás. Se consigue con un dispositivo que dispersa el polvo en una cortina o cono de agua, de modo que el contacto sea simultáneo y homogéneo.
Una preparación deficiente aquí no se corrige después: los grumos formados en este punto siguen siendo grumos al final del proceso.
Cámaras de maduración
La solución pasa a un depósito compartimentado, normalmente en dos o tres cámaras en serie con paso escalonado.
Ese recorrido garantiza el tiempo de maduración, que es el que la cadena del polímero necesita para hidratarse por completo. Según el producto está en el orden de 30 a 60 minutos, y el volumen del depósito se dimensiona a partir de ese tiempo y del consumo previsto.
La compartimentación evita que solución recién preparada se mezcle con la ya madura y salga antes de tiempo.
Agitación
Cada cámara lleva su agitador, con velocidad ajustada: suficiente para mantener la homogeneidad, moderada para no romper la cadena del polímero.
Es un parámetro que conviene no tocar por intuición. Subir la agitación para «mezclar mejor» es una de las formas habituales de estropear una solución bien preparada.
Control automático
Sondas de nivel gobiernan el ciclo: cuando la cámara final baja del nivel de consigna, arranca automáticamente la preparación de un nuevo lote.
Con eso el equipo mantiene solución madura disponible en continuo, sin que nadie tenga que anticipar el consumo.
Dosificación de la solución
Una bomba dosificadora envía la solución madura al punto de aplicación, con caudal regulable y —en instalaciones con control— proporcional al caudal de agua a tratar o a una señal de carga.
Es frecuente incorporar una dilución en línea justo antes del punto de inyección, para ajustar la concentración final sin modificar la de preparación.
Qué se gana
- Repetibilidad. La solución sale igual cada vez, independientemente de quién esté de turno.
- Menos consumo de producto. Una preparación correcta necesita menos reactivo que una deficiente compensada con sobredosis.
- Mejor resultado en la planta: floculación más estable y, en la línea de fangos, mayor sequedad de la torta, que es lo que reduce el coste de gestión del residuo.
- Menos incidencias. Sin grumos no hay atascos en conducciones ni en la bomba dosificadora.
- Menos manipulación de producto por parte del personal.
Cómo se dimensiona
A partir del consumo de producto previsto, del tiempo de maduración que exija el polielectrolito elegido y de la concentración de trabajo recomendada por el fabricante. De ahí salen el volumen del depósito, la capacidad del dosificador y el caudal de la bomba.
Conviene además decidir desde el principio si el equipo va a trabajar con producto en polvo, en emulsión o con ambos, porque la configuración cambia.
Puede consultar nuestras unidades de preparación de polielectrolito o escribirnos con los datos de su instalación.


