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Las etapas de una estación de tratamiento de agua potable

Desbaste, aireación, coagulación-floculación, decantación, filtración y desinfección: qué hace cada etapa de una ETAP y por qué van en ese orden.
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Cuándo compensa un ensayo piloto y cuándo no hace falta

Una estación de tratamiento de agua potable (ETAP) convierte agua de captación —de río, embalse o pozo— en agua apta para el consumo humano. El proceso retira contaminantes físicos, químicos y biológicos, y entrega un agua transparente, sin olor ni sabor y no corrosiva para la red de distribución.

La línea convencional consta de seis etapas, y el orden no es arbitrario: cada una prepara el trabajo de la siguiente.

1. Desbaste

Retira los sólidos flotantes y de mayor tamaño que llegan con el agua bruta —ramas, hojas, restos vegetales— y que dañarían las bombas o atascarían la línea.

Se emplean rejas de desbaste grueso, con barrotes separados varios centímetros e inclinadas para facilitar la limpieza mecánica, seguidas de rejas finas con separación de milímetros.

Una variante es el microtamiz, un tambor giratorio de malla de acero inoxidable con luz de paso de decenas de micras, capaz de retener algas y plancton. La limpieza se hace con chorros de agua a presión que desprenden lo retenido.

2. Aireación

El agua se pone en contacto con el aire, lo que produce dos efectos.

Por un lado elimina gases disueltos: dióxido de carbono y sulfuro de hidrógeno, que acidifican el agua y la hacen corrosiva, además de compuestos volátiles responsables de olores y sabores.

Por otro, oxida el hierro y el manganeso disueltos, que pasan a forma insoluble y pueden retirarse después en la filtración. Ambos dan al agua color y sabor metálico, y manchan la ropa y los sanitarios.

Cuando el agua bruta llega con carga de algas, se recurre a la precloración —sola o combinada con la aireación— para evitar que colmaten los filtros más adelante y para oxidar compuestos que afectan al sabor.

3. Coagulación y floculación

Las partículas más finas no sedimentan por sí solas: tienen carga eléctrica del mismo signo, se repelen y permanecen en suspensión indefinidamente.

En la coagulación se añade un coagulante —habitualmente sulfato de aluminio o cloruro férrico— en una cámara de mezcla rápida con agitación intensa, que neutraliza esa carga y permite que las partículas se aproximen.

En la floculación, en una cámara con agitación lenta mediante palas, las partículas ya neutralizadas chocan entre sí y forman agregados de mayor tamaño y densidad, los flóculos. La agitación tiene que ser suficiente para provocar los choques y suave para no romper el flóculo formado.

4. Decantación

El agua pasa a un decantador donde permanece el tiempo necesario para que los flóculos sedimenten por gravedad.

Los fangos acumulados en el fondo se extraen y se envían a la línea de tratamiento de fangos, donde se espesan y se deshidratan antes de su gestión como residuo.

5. Filtración

Retiene los sólidos que la decantación no ha separado. El agua atraviesa un lecho de arena y grava, o un filtro multicapa, y las partículas quedan retenidas entre los granos.

Los filtros rápidos de gravedad trabajan a velocidades del orden de varios metros cúbicos por metro cuadrado y hora.

Cuando el lecho acumula sólidos y la pérdida de carga alcanza la consigna, entra en lavado a contracorriente: se invierte el sentido del flujo con agua limpia y aire, el lecho se expande y arrastra lo retenido. El agua de lavado se envía a cabecera tras una etapa de separación de sólidos, o al saneamiento.

6. Desinfección

Es la última barrera. Elimina los microorganismos que hayan podido llegar hasta aquí.

El desinfectante más habitual es el cloro, en forma de hipoclorito sódico o de cloro gas. Al añadirlo al agua reacciona con la materia presente durante un tiempo de contacto determinado; la fracción que queda después es el cloro residual, y su función es proteger el agua a lo largo de toda la red de distribución frente a contaminaciones posteriores.

La radiación ultravioleta es una alternativa que no deja residual, por lo que se emplea combinada con una dosificación posterior cuando hace falta protección en red.

Etapas complementarias

Según la calidad del agua de captación y el destino, la línea puede incluir etapas adicionales: adsorción con carbón activo para retirar compuestos orgánicos, olores y sabores; remineralización o corrección de pH para dejar el agua en equilibrio calcocarbónico y evitar que ataque las conducciones; o tratamientos específicos para parámetros concretos del agua de origen.

El control del proceso

Cada etapa necesita seguimiento analítico continuo. Turbidez, pH, cloro residual y conductividad son los parámetros de control habituales, junto con los controles analíticos que exige la normativa de agua de consumo humano.

Cuando el agua de captación es variable o se plantea una modificación de la línea, un ensayo con planta piloto sobre el agua real permite ajustar dosis y parámetros antes de aplicar el cambio a la instalación completa.

Puede consultar nuestras plantas compactas de potabilización o escribirnos con el análisis de su agua.

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