El consumo energético es la principal objeción a la desalación, y también su principal partida de coste. Es un consumo con una base física ineludible —separar sales del agua requiere trabajo— pero por encima de ese mínimo teórico hay un margen amplio que depende del diseño y de la operación.
Estos son los cuatro frentes donde ese margen se materializa.
1. La recuperación de energía
Es la actuación con mayor efecto en desalación de agua de mar.
La bomba de alta presión impulsa todo el caudal de alimentación, pero solo una parte se convierte en agua producida. El resto sale del bastidor como salmuera, todavía a una presión muy próxima a la de trabajo. Sin recuperación, esa energía se disipa en la válvula de regulación.
Los dispositivos de recuperación —intercambiadores de presión, turbinas Pelton, turbochargers— transfieren esa presión al agua de alimentación entrante, de modo que la bomba de alta presión solo aporta la diferencia. Los intercambiadores de presión son los de mayor rendimiento y se han convertido en el estándar de las instalaciones nuevas de agua de mar.
2. Las membranas
Las membranas actuales alcanzan la misma producción a menor presión de trabajo que las de hace una década, con un rechazo de sales equivalente o mejor.
En una instalación existente, una sustitución de membranas por un modelo de menor consumo específico puede reducir la presión de trabajo de forma apreciable. Es una actuación que se plantea de forma natural cuando toca renovar el bastidor, sin inversión adicional relevante.
3. El punto de trabajo
La tasa de conversión —qué proporción del agua de alimentación se convierte en permeado— tiene un óptimo que no coincide con el máximo.
Forzar la conversión aumenta la producción por metro cúbico captado, pero también concentra más la salmuera, eleva la presión osmótica que hay que vencer y acelera el ensuciamiento e incrustación de las membranas. El resultado es más consumo, más limpiezas químicas y menos vida útil.
El ajuste del punto de trabajo, del número de etapas y del régimen de operación es una actuación de coste bajo que se apoya en los datos de la propia planta.
4. El pretratamiento
Una membrana ensuciada exige más presión para producir el mismo caudal. Ese sobreconsumo es progresivo y poco visible: la planta sigue produciendo, pero cada vez con más energía.
Un pretratamiento bien dimensionado —filtración por lecho adecuada al agua de captación, cartuchos con el grado correcto, dosificación de antiincrustante ajustada— mantiene la presión de trabajo estable a lo largo del ciclo. Es la actuación menos vistosa y una de las que más pesa en el consumo medio anual.
La integración de renovables
Además de reducir el consumo, se puede cambiar su origen. En plantas con demanda estable y superficie disponible, la generación fotovoltaica cubre una parte del consumo diurno.
En emplazamientos aislados el efecto es mayor, porque la alternativa es un grupo electrógeno funcionando en continuo. Ahí la fotovoltaica no solo reduce coste: reduce logística de combustible y mantenimiento.
Cuando existe calor residual de un proceso industrial próximo, merece evaluarse una configuración térmica o híbrida que lo aproveche.
La gestión de la salmuera
Un apunte que suele quedar fuera del cálculo energético: el bombeo de la salmuera hasta el punto de vertido también consume. El trazado, el diseño del difusor y la dilución forman parte del proyecto y del coste de explotación, además de ser el elemento que condiciona la autorización ambiental.
En resumen
El consumo de una desaladora no se reduce con una única medida, sino con la suma de recuperación de energía, membranas adecuadas, punto de trabajo ajustado y pretratamiento que mantenga la presión estable. Sobre esa base, la generación renovable actúa sobre el origen de la energía que sigue haciendo falta.
Puede consultar nuestras soluciones de desalación, escribirnos o llamarnos al +34 910 577 254.


