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Qué determina el coste del agua en una desaladora en contenedor

Energía, consumibles, mantenimiento y amortización: los cuatro factores que fijan el coste del metro cúbico producido y las decisiones de diseño que actúan sobre cada uno.
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Qué determina el coste del agua en una desaladora en contenedor

En zonas áridas y en el litoral, la pregunta relevante no suele ser si es posible desalar, sino a qué coste. Una desaladora en contenedor resuelve el plazo y la instalación, pero el coste del agua producida depende de decisiones de diseño que se toman antes de fabricar el equipo.

Estos son los factores que lo determinan.

1. El consumo energético

Es la partida principal en desalación de agua de mar. La ósmosis inversa necesita vencer la presión osmótica del agua de alimentación, y eso significa trabajar a presiones elevadas de forma continua.

Sobre esa partida actúan dos decisiones de diseño:

  • El sistema de recuperación de energía. La salmuera sale del bastidor todavía a presión. Recuperar esa energía y transferirla al agua de alimentación reduce de forma sustancial el trabajo que debe aportar la bomba de alta presión. En agua de mar es el elemento que más pesa en el consumo específico.
  • El punto de trabajo del bastidor. La tasa de conversión, el número de membranas y la presión de operación se eligen buscando el equilibrio entre producción y consumo. Forzar la conversión aumenta la producción, pero también el ensuciamiento y el consumo por metro cúbico.

En emplazamientos aislados, la integración con generación fotovoltaica desplaza parte de ese consumo fuera de la factura eléctrica o del grupo electrógeno.

2. Los consumibles

Membranas, cartuchos de filtración y reactivos de pretratamiento son un coste recurrente que depende directamente de la calidad del pretratamiento.

Un pretratamiento bien dimensionado alarga la vida de las membranas y espacia las limpiezas químicas. Uno insuficiente se paga cada mes en reactivos de limpieza, en pérdida de producción y en sustituciones anticipadas. Es el punto donde ahorrar en la inversión inicial sale más caro en explotación.

3. La operación y el mantenimiento

En una planta en contenedor, el grado de automatización determina cuánta presencia de personal requiere. El arranque, la parada, los lavados y las alarmas automatizados, junto con la supervisión remota, permiten operar la instalación sin personal permanente en el emplazamiento.

El mantenimiento preventivo tiene un coste conocido; el correctivo, no. Un sistema de control que registre presiones, caudales y conductividad permite anticipar el ensuciamiento de las membranas antes de que se traduzca en una parada.

4. La inversión y su amortización

El formato modular permite dimensionar el equipo a la demanda actual y ampliar por módulos cuando crece. Eso evita amortizar capacidad que no se utiliza, que es el problema habitual cuando se sobredimensiona una instalación por si acaso.

A la inversión en el equipo hay que sumar lo que se ahorra frente a una planta de obra: no hay parcela, ni edificación, ni instalaciones auxiliares, ni el coste financiero de un plazo de ejecución largo.

Dónde tiene sentido

Este formato encaja en instalaciones industriales sin acceso a red de abastecimiento, en núcleos costeros e islas con recursos de agua dulce en retroceso, en explotaciones agrícolas con agua salobre disponible, y en situaciones donde se necesita producción de agua en plazos cortos.

El dimensionado parte siempre del análisis del agua de captación, del caudal necesario y del uso previsto del agua producida. Sobre esos tres datos se calcula el coste por metro cúbico con el que se toma la decisión.

Puede consultar nuestras plantas compactas de desalación o escribirnos con los datos de su instalación.

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