Una planta desaladora en contenedor hace lo mismo que una instalación convencional de ósmosis inversa: separar las sales disueltas del agua de mar o del agua salobre. La diferencia está en el formato, no en el proceso. Toda la línea va montada y probada dentro de un contenedor marítimo estándar, lo que permite transportarla e instalarla sin obra civil relevante.
Estas son las etapas por las que pasa el agua, y qué se decide en cada una.
Qué contiene el equipo
Dentro del contenedor se integra la línea completa: bombeo de captación, pretratamiento, bomba de alta presión, sistema de recuperación de energía, bastidor de membranas, postratamiento, cuadro eléctrico y sistema de control. Las características que definen este formato son:
- Transporte en camión, tren o barco sin medios especiales.
- Instalación con conexiones de agua, vertido de salmuera y alimentación eléctrica.
- Diseño modular, ampliable añadiendo unidades.
- Configuración para agua de mar, agua salobre de pozo o agua superficial.
- Montaje y prueba en fábrica antes de la entrega.
Etapa 1: pretratamiento
Es la etapa que determina la vida útil de la instalación. Su función es entregar a las membranas un agua con la calidad que necesitan para trabajar sin ensuciarse antes de tiempo.
Se retiran los sólidos en suspensión —arena, limos, materia orgánica— mediante filtración por lecho, habitualmente con filtros multicapa de antracita, arena y granate, seguidos de filtros de cartucho como barrera final. Según la calidad del agua de captación se añade dosificación de reactivos: antiincrustante para evitar la precipitación de sales sobre la membrana, y corrección de pH cuando procede.
Un pretratamiento mal dimensionado no da problemas el primer día: los da a los seis meses, en forma de limpiezas químicas frecuentes y pérdida de producción.
Etapa 2: ósmosis inversa
Es el núcleo del proceso. La bomba de alta presión impulsa el agua contra una membrana semipermeable a una presión superior a la presión osmótica del agua de alimentación. En agua de mar eso significa trabajar por encima de los 55-70 bar, según la salinidad y la temperatura.
La membrana deja pasar el agua y retiene la mayor parte de las sales disueltas. El caudal se divide en dos: el permeado, que es el agua producida, y el rechazo o salmuera, que arrastra las sales concentradas.
La salmuera sale del bastidor todavía a presión. El sistema de recuperación de energía transfiere esa presión al agua de alimentación entrante, de modo que la bomba de alta presión solo tiene que aportar la diferencia. Es el elemento que más influye en el consumo específico de la planta y, por tanto, en el coste del agua producida.
Etapa 3: postratamiento
El permeado sale de las membranas con muy baja mineralización y ligeramente ácido, lo que lo hace agresivo para las conducciones. Antes de su uso se ajusta:
- Remineralización y corrección de pH, normalmente por paso a través de un lecho de calcita, para devolver al agua el equilibrio calcocarbónico.
- Desinfección, mediante cloración o radiación ultravioleta, cuando el agua se destina a consumo humano.
- Ajustes específicos según el uso final, si el agua va destinada a proceso industrial con requisitos concretos de conductividad o dureza.
Control y supervisión
El sistema de control registra en continuo presiones, caudales, conductividad del permeado y consumo. Con esos datos se detecta el ensuciamiento de las membranas por la evolución de la presión diferencial y de la calidad del permeado, antes de que se traduzca en una parada. El acceso remoto permite operar la planta con presencia reducida de personal en el emplazamiento.
En resumen
El formato en contenedor no simplifica el proceso: lo integra. Las tres etapas son las mismas que en una planta convencional, y su dimensionado depende del análisis del agua de captación y del uso previsto del agua producida.
Puede consultar nuestras plantas compactas de desalación o escribirnos con los datos de su instalación.


