Al plantear una instalación fotovoltaica aparece pronto la pregunta de si conviene montar los módulos en vertical u horizontal. Conviene aclarar primero de qué se está hablando, porque el término se usa para dos cosas distintas.
Lo habitual es que se refiera a la orientación del módulo sobre la estructura: en vertical —lo que en el sector se llama retrato— el lado largo queda en el sentido de la pendiente; en horizontal —paisaje— el lado largo queda transversal. En ambos casos el módulo mantiene la misma inclinación respecto al suelo.
Es distinto del montaje en fachada, donde el módulo sí queda en un plano vertical, con una inclinación y una producción muy diferentes.
Lo que apenas cambia: la producción
Con la misma inclinación y la misma orientación al sur, un módulo produce prácticamente lo mismo montado en retrato que en paisaje. La energía que recibe depende de hacia dónde mira el plano y con qué ángulo, no de cómo esté girado el módulo dentro de ese plano.
Los factores que sí determinan la producción son otros: la orientación —el azimut—, la inclinación, la latitud y, sobre todo, las sombras.
Lo que sí cambia
El comportamiento ante sombras parciales
Es la diferencia técnica más relevante y la que suele decidir. Un módulo está dividido internamente en grupos de células protegidos por diodos de derivación. Cuando una sombra afecta a un grupo, el diodo lo puentea y ese tramo deja de aportar.
La consecuencia práctica es que importa la dirección en la que avanza la sombra. Una sombra que entra por el borde inferior —la de un peto, un canalón o la fila de módulos de delante— afecta a un número distinto de grupos según el módulo esté en retrato o en paisaje.
Donde hay obstáculos previsibles, elegir la orientación que reparta mejor esa sombra reduce la pérdida. Y cuando el sombreado es inevitable, los optimizadores de potencia limitan el efecto al módulo afectado en lugar de arrastrar a toda la serie.
El aprovechamiento de la cubierta
Una cubierta rara vez es un rectángulo limpio. Entre chimeneas, lucernarios, salidas de ventilación y equipos de climatización, la orientación del módulo determina cuántos caben.
En cubiertas estrechas y largas suele rendir mejor una orientación; en cubiertas anchas, la contraria. Se resuelve con el replanteo sobre el plano real, no con una regla general.
La estructura y el coste de montaje
Cada orientación exige una disposición distinta de raíles y fijaciones, y eso se traduce en metros de perfil, número de anclajes y horas de montaje. La diferencia no suele ser grande, pero existe y se calcula con el replanteo.
En cubierta plana con estructura triangular, la orientación afecta además a la separación entre filas necesaria para que unas no den sombra a otras, y por tanto a la potencia que cabe en la superficie disponible.
Las cargas de viento y nieve
La disposición cambia cómo se transmiten los esfuerzos a los puntos de anclaje. Es un cálculo estructural que debe hacerse con las cargas de la zona y las características de la cubierta, y que puede condicionar la elección.
El mantenimiento
La orientación influye en cómo escurren el agua y la suciedad, y en la accesibilidad para limpieza y revisión. En zonas con nieve, la inclinación y la disposición condicionan si la nieve desliza o se acumula en el borde inferior.
Cómo se decide
No hay una respuesta general: se resuelve con el replanteo sobre la cubierta concreta. Los datos que hacen falta son las dimensiones y la geometría real de la superficie, la ubicación de los obstáculos, el estudio de sombras a lo largo del año, la orientación e inclinación disponibles y el cálculo estructural.
Con eso se compara cuánta potencia cabe en cada disposición, qué produce cada una considerando las sombras, y qué cuesta montar cada una. La diferencia entre ambas suele ser pequeña, y por eso conviene no dedicarle más atención de la que merece frente a decisiones que sí pesan: dónde mira la cubierta, qué sombras tiene y qué proporción de la producción se va a consumir en el momento en que se genera.
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