La zeolita se ofrece con frecuencia como sustituto de la arena silícea en filtros de piscina. Tiene ventajas reales, pero también se le atribuyen propiedades que no le corresponden, así que conviene separar unas de otras antes de decidir.
Cómo trabaja un filtro de piscina
El agua se impulsa desde el vaso hacia el filtro, atraviesa el lecho —que retiene las partículas en suspensión— y vuelve a la piscina. Con el uso, el lecho acumula suciedad y la pérdida de carga aumenta, lo que se observa en el manómetro.
Cuando esa pérdida de carga alcanza el valor establecido, se realiza el lavado a contracorriente: el flujo se invierte, el lecho se expande y la suciedad se evacúa al desagüe. Después se hace un enjuague breve antes de volver a filtrar, que evita que quede medio filtrante suelto camino del vaso.
Este funcionamiento es el mismo con arena o con zeolita. Lo que cambia es el comportamiento del medio.
Ventaja 1: retención más fina
La zeolita tiene una densidad aparente menor que la arena silícea y un grano de superficie más irregular y porosa.
La consecuencia práctica es que, a la misma velocidad de filtración, un lecho de zeolita retiene partículas de menor tamaño que uno de arena. Eso se traduce en un agua con menos turbidez residual.
Su menor densidad implica además que hace falta menos masa para llenar el mismo volumen de filtro, y que el caudal de lavado necesario para expandir el lecho es distinto al de la arena. Este segundo punto es importante: el sistema de lavado tiene que poder proporcionar el caudal adecuado al medio instalado.
Ventaja 2: intercambio de amonio
Es la propiedad diferencial y la más útil en una piscina.
La zeolita tiene capacidad de intercambio catiónico y una selectividad alta por el ion amonio. El amonio en el agua de piscina —procedente sobre todo del sudor y la orina— reacciona con el cloro libre y forma cloraminas, que son las responsables del olor característico y de la irritación de ojos y piel, y que además consumen desinfectante sin aportar capacidad de desinfección.
Al retirar parte del amonio antes de que reaccione, la zeolita reduce la formación de cloraminas. Ese es el origen real de la mejora en confort que se le atribuye.
Conviene entenderlo con precisión: la zeolita no elimina el cloro ni desinfecta. Reduce la formación de un subproducto indeseable, con lo que el cloro dosificado se aprovecha mejor.
Lo que hay que tener en cuenta
La capacidad de intercambio se agota. No es una propiedad permanente. Una vez saturados los puntos de intercambio, la zeolita sigue filtrando por vía física pero deja de retener amonio. Para recuperar esa capacidad hay que regenerarla con salmuera, y ese es un procedimiento que conviene conocer y planificar antes de instalarla, no descubrirlo después.
No es un desinfectante. No sustituye al tratamiento de desinfección ni reduce el control que este requiere.
El material no es homogéneo. La zeolita natural procede de yacimientos distintos, y su contenido en clinoptilolita, su capacidad de intercambio y sus minerales acompañantes varían según el origen. Son los datos que determinan el rendimiento, así que conviene pedirlos.
El coste por kilogramo es mayor que el de la arena silícea, aunque haga falta menos masa para el mismo volumen. La comparación económica se hace sobre el llenado completo del filtro y sobre la vida útil de la carga.
Hay que comprobar la compatibilidad con el equipo existente: granulometría adecuada al filtro, caudal de lavado disponible y capacidad de la bomba.
Qué pedir al suministrador
Análisis mineralógico con el porcentaje de clinoptilolita, capacidad de intercambio catiónico medida, granulometría y coeficiente de uniformidad, densidad aparente, y la documentación de conformidad correspondiente al uso previsto.
Son los datos con los que se puede comparar una oferta con otra. Sin ellos, «zeolita» es solo el nombre de una familia de minerales.
Puede consultar las especificaciones de nuestra zeolita, ver el resto de materiales filtrantes, o escribirnos.


